SER FELIZ, ES GRATIS...
¿Quién
un día escucho un chiste, que cada vez que lo recordaba se volvía a reír? Esa
es una forma perfecta de aprender, lastimosamente, cuando crecemos nos olvidamos que aprendimos
jugando y riéndonos, con colores,
dibujos y canciones. Es por eso que
muchos adultos se les hace difícil aprender algo nuevo o recordar materias de
conocimiento general. Quizás la sociedad
nos impone, que debemos ser personas maduras, que todo debemos tomarlo en
serio. En el libro El Principito, el
autor contaba que por la falta de creatividad de los adultos, dejo de un lado sus sueños de ser
dibujante, ya que nadie pudo ver a una
boa comiéndose un elefante, confundiendo el dibujo con un sombrero, eso es lo que pasa cuando se ha perdido la
perspectiva de lo divertido. Es destacable que en las últimas décadas, en el
campo de la pedagogía, diversos autores han propuesto una mayor integración del
humor y el juego en la práctica educativa, argumentando precisamente que esta
metodología se adapta mejor a nuestra manera natural de aprender (Fernández,
2002)
En
el ámbito humano, quienes más ríen son los niños, y cuando más ríen es también
precisamente durante el juego. El juego estimula la risa. La risa, o más bien
la recompensa emocional del placer que proporciona, estimula el juego. Y el
juego, una práctica de futuras competencias, permite ir creciendo y
desarrollándose como persona y miembro de la sociedad. Los niños, que aún lo
tienen todo por aprender, juegan con su entorno, sus compañeros y sus
cuidadores para ir aprendiendo a moverse, a percibir, a relacionarse, a
comunicarse y a realizar todas las rutinas y actividades requeridas por su
cultura (Carbelo, 2006).
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