martes, 20 de mayo de 2014



 SER FELIZ, ES GRATIS...
¿Quién un día escucho un chiste, que cada vez que lo recordaba se volvía a reír? Esa es una forma perfecta de aprender, lastimosamente,  cuando crecemos nos olvidamos que aprendimos jugando y riéndonos,  con colores, dibujos y canciones.  Es por eso que muchos adultos se les hace difícil aprender algo nuevo o recordar materias de conocimiento general.  Quizás la sociedad nos impone, que debemos ser personas maduras, que todo debemos tomarlo en serio.  En el libro El Principito, el autor contaba que por la falta de creatividad de los adultos,  dejo de un lado sus sueños de ser dibujante,  ya que nadie pudo ver a una boa comiéndose un elefante, confundiendo el dibujo con un sombrero,  eso es lo que pasa cuando se ha perdido la perspectiva de lo divertido. Es destacable que en las últimas décadas, en el campo de la pedagogía, diversos autores han propuesto una mayor integración del humor y el juego en la práctica educativa, argumentando precisamente que esta metodología se adapta mejor a nuestra manera natural de aprender (Fernández, 2002)
En el ámbito humano, quienes más ríen son los niños, y cuando más ríen es también precisamente durante el juego. El juego estimula la risa. La risa, o más bien la recompensa emocional del placer que proporciona, estimula el juego. Y el juego, una práctica de futuras competencias, permite ir creciendo y desarrollándose como persona y miembro de la sociedad. Los niños, que aún lo tienen todo por aprender, juegan con su entorno, sus compañeros y sus cuidadores para ir aprendiendo a moverse, a percibir, a relacionarse, a comunicarse y a realizar todas las rutinas y actividades requeridas por su cultura (Carbelo, 2006).

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